viernes, 12 de septiembre de 2008

¡Sorpresa! El tamaño no importa.




La mayoría se pregunta si el tamaño importa, y de ser así, qué tanto.

Cuando se trate de placer, considere el acoplamiento, no el tamaño. La idea de que un gran pene hace a un excelente amante, simple y sencillamente es falsa.

Un pene muy largo puede chocar de manera incómoda contra el cuello del útero de la mujer. Si es demasiado ancho, puede irritar la entrada de la vagina. Si la vagina es muy estrecha, un pene muy grande no podrá penetrar por completo.

Por otra parte, si el pene es pequeño y la vagina es ancha, podría suceder que la mujer se pregunte: "¿Ya entró?" Pero existen muchas situaciones en las que un pene pequeño es mucho mejor que uno grande, como el sexo oral y el sexo anal. Lo anterior significa que en realidad lo importante, más que cualquier otra cosa, es la compatibilidad, más que la longitud, la circuncisión o si el pene se curvea hacia la derecha o la izquierda, etcétera.

Recuerda que las mujeres reciben casi todos los estímulos físicos a través del clítoris, en vez de la vagina, lo cual significa que no es necesario la penetración para que la mujer experimente placer.

Estoy segura que pensó que iba a evitar el tema y no iba a platicarle lo que realmente quiere saber. Pues bien, se lo diré; éstas son las medidas que está esperando: el largo de un pene flácido es de entre cinco y diez centímetros desde la punta del glande hasta la base. El largo de un pene erecto es de alrededor de 15 centímetros. Si no tiene el tamaño "promedio", no se preocupe. De cualquier manera, ¿a quién le gusta ser "del montón"? Lo esencial es que el tamaño del pene no hace un amante ideal. Un hombre que sabe cómo hablar, tocar y cuidar de su amante, es mucho más que su pene.

martes, 5 de agosto de 2008

"El punto G masculino"

¿Donde esta el punto G masculino? ¿Como encontrarlo?

Posiblemente te hayas pasado unos cuántos años estudiando y sacando conclusiones acerca del punto G femenino: dónde encontrarlo, cómo estimularlo adecuadamente, y cómo hacer para que una mujer alcance un delicioso orgasmo clitoriano.

No obstante, la mayoría de los hombres no tienen idea de su propio punto G. Y esto aun puede sorprenderte mucho más: la próstata es en el hombre el equivalente al punto G femenino.

Entendemos que, para muchos, la idea de explorar esta área puede ser una especie de tabú, pero si mantienes la mente abierta durante la lectura de todo este artículo, podrías descubrir la forma de experimentar los mejores orgasmos de tu vida.

A continuación, ingresaremos en el fascinante mundo del punto G masculino y descubriremos todo lo que éste puede hacer por tu vida sexual.

Cómo encontrar el punto G masculino

El punto G masculino no es tan difícil de encontrar, aunque sí es necesario tener algo de paciencia. Recostarte de espaldas es generalmente la posición más cómoda a dicho fin, por lo que sería pertinente que hagas uso de tu cama o tal vez de un sofá grande.

El proceso se facilitará si estás con las piernas elevadas. Puedes recostarte con tus piernas contra la pared o colgando del respaldo del sofá. Si todavía tienes dificultades para alcanzar el perineo desde esta posición, entonces puedes elevarte un poco poniendo una o dos almohadas bajo tu cola.

Una vez que estés lo más cómodo que puedas estar, comienza a masajear suavemente la zona alrededor de tu ano. La mayoría de los hombres disfrutan a ser acariciados en la zona del perineo, por lo que sería bueno incorporar estos masajes al proceso.

Utiliza la yema de tu dedo índice mientras exploras la zona, y procura hacer movimientos suaves. A medida que te vayas regalando, lubrica tu dedo y déjalo que recorra la superficie de tu ano. Repite este movimiento en reiteradas ocasiones, cada vez incrementando un poco la presión ejercida.

Ahora ya deberías estar listo para iniciar la exploración. Recuerda que debes continuar haciendo movimientos lentos y suaves, procurando siempre relajar el esfínter en el proceso.

Una vez que hayas entrado en contacto con el punto G masculino, podrás reconocerlo como una pequeña protuberancia, del tamaño de una castaña, situada aproximadamente cinco centímetros hacia dentro.